Conecta tus ojos, Internet te espera

Ring, ring. El reloj despertador sonó marcando el comienzo del día, aunque para Sofía había empezado hacía rato. De hecho, no estaba muy segura de haber terminado el anterior. Por más que lo buscaba, el sueño la eludía. Muchas dudas, muchos nervios. Su vida iba a cambiar y aunque estaba preparada para ello, no paraba de preguntarse cómo y cuánto. Quizás debería buscarlo en internet.

Se incorporó decidida, con la energía de quien no puede esperar más a salir de la cama. Mientras se frotaba los ojos aún legañosos, cogió de la mesilla el estuche con sus nuevas lentillas y se fue al baño. Eran un nuevo modelo de Google, la versión mejorada de aquellas horrendas Google Glasses. Ahora tendría acceso a toda la información del mundo, literalmente, en un abrir y cerrar de ojos. Se las colocó con cierta dificultad, parpadeó un par de veces y entendió que iniciaba el primer día de una vida diferente. El primer paso fue genial. Con el segundo dudó un poco y se golpeó con la puerta. Esperaba que no fuera una metáfora de lo que le esperaba.

El ruido hizo que su perra Khaleesi se acercara a ella. Un precioso golden retriever que lucía un pelo especialmente dorado y brillante esa mañana. Nada que envidiar al de la madre de dragones. Se agachó y la saludó como si fuera la primera vez que la veía. Esa perra era su mejor amiga y siempre le había dado la fuerza necesaria para seguir.

Aún medio dormida, como en un sueño, caminó lentamente hasta la cocina. En las lentillas ya le aparecían las noticias más importantes, la actividad de sus amigos en redes sociales y el parte meteorológico. Abrió la nevera y en ese mismo instante, un anuncio de Kellogg’s apareció en su lentilla izquierda. “Me han leído la mente”, dijo en voz alta mientras agarraba el cartón de leche. Tras desayunar, arreglarse y despedirse de Khaleesi, salió a la calle. Le daba pena dejarla en casa, pero hoy necesitaba estar sola.

LA LLEGADA AL TRABAJO

El trayecto se hizo bastante largo. Muchos anuncios, muchas recomendaciones, mucho de todo en sus lentillas. Se planteó quitárselas, pero no podía. Habían costado un dineral y debía acostumbrarse a ellas. Cogió el metro casi de milagro. Allí, nadie llevaba periódicos, ni libros, ni siquiera smartphones. Todo el mundo estaba conectado a través de sus ojos. Por un instante, dejó de leer el periódico y se dio cuenta de que no había vida en ese vagón. Ni una conversación, ni una risa, ni siquiera algo de reggaeton.

Llegó a su destino nerviosa, pero maravillada de la preciosa y colorida sede. No todos los días se empieza a trabajar en Google España. Ella iba a encarnar la imagen de la compañía en esta nueva etapa, la persona tras el mostrador de la entrada. Le faltaba experiencia pero desde luego lo iba a suplir con ganas.

La jornada pasó rápido, recibiendo a las visitas y guiándoles por la inmensa ciudad-sede. Mientras, agregaba a Facebook a sus nuevos compañeros con el ojo izquierdo y con el derecho  hacía un pedido a Just Eat. “Quizás algo de pasta fresca”. se dijo. Empezaba a cogerle el gusto a estas lentillas. Los nervios se habían disipado, se sentía integrada, feliz.

CUANDO APARECE LA NOCHE

Al caer el sol llegó a casa y Khaleesi la recibió con ese cariño que solo los perros son capaces de generar. Había comprado sushi de camino para cenar, el día lo merecía. Se tumbó en el sofá, abrió HBO con un simple guiño y se dispuso a ver un capítulo de la serie que llevaba tanto tiempo esperando ver: Juego de Tronos. Los libros le apasionaron en su momento y quiso empezar desde la primera temporada, refrescar en su cabeza la imagen de aquellos personajes.

Un par de capítulos y varias cabezadas después, decidió que era hora de irse a dormir. Se puso el pijama y se sentó al lado de la mesilla. Revivió en su cabeza todo el día. Los colores, la luz. Respiró profundamente y se quitó las lentillas entre lágrimas. La oscuridad volvió, todo se tiñó de negro. Tanteó junto a la cama hasta que dio con Khaleesi y le acarició el lomo amorosamente. Se tumbó decidida a soñar con los colores e imágenes que había visto hoy. Tenía que descansar, mañana iba a ser un día duro. No en vano, era la primera persona ciega que recuperaba la vista tecnológicamente y Google quería anunciarlo por todo lo alto.

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